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Destacamos
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| Morir a los 16 |
| domingo, 28 de septiembre de 2008 | |
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No
he llegado a tiempo. Tu cuerpo reposa ya en el
mármol frío de la piedra. Te están
abriendo a ver qué ingeriste. No he llegado a tiempo. En
realidad, nadie llegó a tiempo.
Estuviste solo aquella vez que descubriste que no eras como el
resto.Tú
vida fue dificíl para ti. Cuando cerrabas los ojos no eran
tus
compañeras de clase las que aparecían en tus
sueños húmedos. Era él.
Juan Carlos. Tu compañero. Tu amigo. Siempre con
él. Las risas. Las
penas. El fútbol. Los estudios. La consola. Todo con
él.Un día se lo
dijiste. Le dijiste que le querías de una manera especial.
Te miró. Te llamó
maricón y se fue.
Al
otro día, todo el colegio lo sabía.Tu padre,
dejó de hablarte, justo
después de medio partirte la cara de un guantazo.
¡Cómo don Andrés iba
a tener a su hijo único maricón!
¡Después de haber tenido seis chicas...
el varón, maricón...
manda cojones!
Pepita
se quedó boquiabierta. Lloró y lloró y
lloró por todos los rincones de
la casa. Al día siguiente fue a su director espiritual, don
Jose Ma, y
se lo contó todo.
El lunes
por la tarde, estabas tú allí, en el centro, con
don José Ma, tu responsable y tú. Los tres.
Te
dijeron que estabas confundido, que tenías muy malas
compañías. Que te
tenías que ir de excursión a un lugar para
reflexionar.
Allí
llegaste y estuviste solo, excepto con las charlas de aquel cura de
negro que repetía y repetía, que estabas en
pecado.
Volviste,
y no podías más.
Tu
padre seguía sin hablarte. De tus hermanas, sólo
Mari Pili te escuchaba
, pero no sabía atenderte. Qué se le puede pedir
a una niña de trece
años.
Y
tu madre, lloraba, lloraba, y lloraba.Te obligaba todas las tardes a
rezar el rosario para ver si el milagro se hacía realidad.
No te dejaba
salir a la calle, a no ser que fueras acompañado. Te puso en
tu mesilla
de noche textos de San Pablo condenando, según ella, la
homosexualidad,
para que no fueras al infierno, pero no te puso ninguna fotocopia del
apóstol de los gentiles, diciendo que lo más
importante de todo, más
que la esperanza y la fe, era el amor.
En misa,
no te dejaba comulgar, hasta que estuvieses curado. Te había
cortado la conexión a internet. ¡Por
eso eras maricón, sí, sí,
sí, por internet!
El jueves
pasado te llevó al psiquiatra, pero no al del seguro, el
sociata rojo ese.
Si no a
don Manuel, que había vivido mucho tiempo en Navarra.
Te
mandó unas pastillas para la ansiedad. Tú ya no
sabías que pensar. Un
tratamiento de seis meses dijo, para calmarte, y luego ya
veríamos.
Quizás si me las tomo todas de golpe, me cure antes.
Y
así hiciste.
Ahora, tanto tus padres, como tus hermanas, como el resto, como yo, hemos llegado tarde. Fuente http://36norte6oeste.blogspot.com/ |
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